Dulces palabras salían de su boca, un buen aroma de su melena, unas miradas de sus ojos, y un sonido leve palpitaba en su pecho. Sus ojos buscaban los mios, donde el roze de sus manos con las mías hicieron que ardieran mis mejillas.
Sus labios acercandose poco a poco a los míos, pero hizo una parada en seco, y se dirigió a mi frente, me la besó y dijo: " Pequeña, cuando sea el momento, no lo olvidarás nunca"
El adiós no era el indicado, un "hasta luego" valía, ya que él nunca se despidió de ella para siempre, se volverán a ver, cuando sea el momento oportuno, y cuando los corazónes cobren más vida.
- Te prometo un siempre , no me prometas un siempre, ya que siempre mueren, prométeme un hasta luego, que al menos sé que volverás.
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