Es la primera vez que una mirada me clavase tanto, ese color de ojos tan nítidos hacía que la hermosa penumbra que se encontraba en nuestro lugar fuese lo menos importante del momento.
Esas manos frías que recorrían mi piel acariciándola con ternura como si sus manos y mi piel se conociesen de toda la vida. Esos labios que recorrían mi cuello. Esas pequeñas cosas que encantan, esa naturaleza humana, esas ganas de dar, ganas de todo.
Lo bueno del invierno es eso, mantener el calor con alguien que te sepa cuidar.
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